El desencanto de Internet

By in Laboratorio on 26 marzo, 2019

Al Gore Rhythm Great Collapse

Este texto de 2011 mostraba nuestro desengaño radical con el modelo de desarrollo de Internet. La perspectiva no ha cambiado mucho cuando la WWW cumple 30 años.

«Una salida: si los hombres han sacrificado ideales y vida por la invención de un vehículo, toma el vehículo para escapar de los cadáveres y acércate a los ideales».

Karl Kraus

 

La mundialización del dominio cibernético

Hace veinte años aún nos mostrábamos demasiado escépticos frente a la ola propagandística de la tecnocracia cibernética que empezaba a inundar Europa. Sentíamos gran desconfianza por aquella primera legión de expertos que utilizaba un lenguaje realmente odioso para referirse a nosotros y a las cosas que apreciábamos. Sabíamos que tras la retórica gerencial de los ‘recursos de información’ (el saber) y de los ‘recursos humanos’ (las personas) llegaba toda una delegación comercial de la industria que preparaba el terreno de la internacionalización del negocio de computadoras, software y telecomunicaciones. Pero debemos reconocer que nunca pudimos imaginar la magnitud del desafío que supondrían las certezas que hoy tenemos sobre la propagación mundial de ese poder económico y tecnológico y del condicionamiento implícito al fenómeno.

La industria tecnológica no ha dejado de crecer desde entonces, espoleada por un modelo económico basado en el crecimiento exponencial de la interdependencia y en la acumulación y concentración capitalista. Este fenómeno apuntaló el proceso de mundialización del mercado y de la ideología de consumo generando un efecto de aceleración y falsificación del tiempo, y contribuyó a instituír la globalización de la insolidaridad como horizonte ético.

Cuentan que el padre del Vicepresidente Al Gore, acuñador de la expresión ‘Autopistas de la Información’, fue uno de los grandes impulsores de la construcción de autopistas durante los años 1950. Parece que tras la caída del muro de Berlín el régimen de producción substituyó las clases proletarias por las masas superconsumidoras con las que soñaba hacía tiempo. Los estados nos implicaron a todos en estas nuevas “industrias de la modernización” mediante la financiación pública de las costosas infraestructuras de telecomunicaciones que dan soporte a la extensión del dominio.
 

En la burbuja de la ‘nueva economía’

Los apóstoles del crecimiento apostaron fuerte por la pretendida “nueva economía”, instigada por la circulación global del dineiro y se aplicaron en red a la creación de activos para la especulación y el desfalco financiero. Conviene recordar que Bernard Madoff, mundialmente célebre por ser condenado a más de 150 años de cárcel por fraude piramidal, fue también el impulsor y coordinador jefe del NASDAQ, el mercado de valores tecnológicos más grande del mundo, principal escenario de la denominada “burbuja punto com”.

La estrategia de este mercado tecnológico incurre de forma sistemática en la práctica especulativa del dumping predatorio, consistente en una falsa promesa de gratuidad o bajo precio inicial hasta imponer su monopolio. Mientras tanto, la propaganda falaz machaca insistentemente sobre las vantajas de una tecnología inócua, cuando sabemos que su contribución al calentamiento global ya es superior a la del transporte aéreo.
 

Poesía y aceleración: el simulacro de la identidad

Con todo, aquellas redes de factura militar y académica van a suponer un terreno de juego muy fértil para esa literatura asistémica que no se ajusta al gusto y a la corrección política de la élite. La permeabilidad de los protocolos va a permitir un nuevo impulso a la disciplina de la autoedición. Y junto a los proyectos individuales se van multiplicar los actos de coordinación, muchas veces trascendiendo la vinculación personal y la componenda ideológica. Revistas digitales, redes, filocafés, círculos… interesantes proyectos y publicaciones colectivas. Un nuevo impulso colectivista que a estas alturas deberíamos poñer bajo observación.

Ahora sabemos que los nuevos medios tampoco suponen la ruptura de la ortodoxia. Ciertamente, apenas vienen a iluminar los estados de descomposición y de recomposición social existentes, y la persistencia del ídolo institucional que gestiona una determinada imagen de la hecatombe circundante. Los tratantes, hace tiempo en proceso de reconversión, ya están avisados de que Internet abre una posibilidad de revisar y visibilizar los propios fenómenos periféricos, particularmente la autonomía del individuo, en los términos de la mercadotecnia.

Antes de Internet viajábamos en un tren en el que a menudo estaba prohibido asomarse al exterior. Hoy, con un brindis, queda abolido el interior por medio de un proceso de liberalización que se consuma en actos de comunicación, de relaciones públicas y de representación social. Nos situamos en tal estadio de alienación que el vértigo producido por la dictadura de la economía aboca a los individuos a la expresión de una imagen de marca en el karaoke autorreferencial de las redes sociales. Este negocio está instituyendo, socializando globalmente, nuestra obligación de ser alguien, de permanecer sonrientes en nuestra “línea de estado”, en una performance individualizada, un nuevo simulacro de identidad que gestionamos con afán inusitado.

Hoy escuchamos que el pulso inherente al medio electrónico contribuye a la fatal aceleración que banaliza la labor literaria y se nos muestran pruebas de que incluso está modificando los procesos de conocimiento. Los muy devaluados aprendizajes medulares de la interpretación, de la crítica, de la imaginación son suplantados ahora por el training. Las tradicionales aptitudes contrastadas del saber son sustituídas por destrezas tecnológicas.

La sociedad de consumo es cada vez más una masa intelectualizada (programada), con el objetivo de servir de manera distribuída y eficiente a la gestión del desastre que estimulan los nuevos modelos de negocio. Participar, como eufemismo de consumir, es la palabra que resume el deseo de la sociedad-masa. El poder abrumador de la economía reparte sus competencias entre los individuos, haciendo de cada uno un policía de sí mismo. Ya estamos advertidos de que nos conviene distinguir de una vez por todas entre el arte poético y el entertainment, dado que su confusión interesada destruye el arte y fortalece la dominación.
 

Exhibicionismo, domesticación y abandono

El móvil y las aplicaciones 2.0 mercantilizan y aniquilan hoy un amplio espacio de la intimidad, centralizando aún más la existencia en el espejo de la vida privada. La banalización y virtualización de la personalidad en aras de la promoción personal parece ser hoy una estrategia vital para el individuo frente al actualísimo streeptease integral del sistema de dominación. No cabe duda de que la entrega de este baluarte ya está cobrando una significación transcendente en el camino de la realización humana, tan relevante como las repercusiones de la ingeniería genética.

Tras la rutina exhibicionista se esconde la mercantilización de la privacidad, toda una domótica del sometimiento. ¿No se insistió lo suficiente en los 60 en que gozar y hacer gozar debían formar parte de nuestra ética? ¿Sin olvidarnos nunca de mostrar rectitud o al menos algún carácter frente a la domesticación?

Hace unas pocas semanas, después de desperezarse ante las imágenes de una ejecución, el gabinete de Hillary Clinton afirmaba que “Internet es el Che Guevara del siglo XXI”. Conectividad obligatoria, libre circulación de la élite, mobilidad total apenas interrumpida por la “molesta pobreza” que sigue poblando el mundo. Las autopistas de la información, como las otras, también recorren el abandono de nuestras formas de vida y cultura.

La especialización nos somete, la separación nos reduce. Frente a la velocidad y el imperio de la vida privada, frente a la monitorización impuesta por los nuevos modelos de autoridad; frente al confort reaccionario y la sumisión organizada de los nuevos mercados de la creatividad tenemos la posibilidad de aceptar el riesgo, desafiliarnos de la fiebre de la competitividad, recuperar el control individual y construir localmente.

«No es la elección del vehículo sino la decisión de organizar la sociedad moderna alrededor de un transporte de alta velocidad lo que convierte a la locomoción de una actividad saludable en una forma insalubre de consumo».

 

Iván Illich

Fragmento de la ponencia de Gaspar Domínguez “Poética de redes: a poesía no medio electrónico” (AELG, 2011). V.a.: http://scqlab.info/poetica-de-redes-2/

 

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